Dónde colocar las cámaras
en un comercio
No se cubre el local: se cubren puntos. Caja a la altura de las manos, entrada de frente, trastienda y almacén. Una cámara al techo en el centro graba techos y coronillas. Y en vestuario o aseo, nunca.
Por Ismael Vázquez, fundador y técnico · Publicado el 26 de agosto de 2026
Se cubren cuatro sitios, no cuarenta metros
El error caro es comprar cámaras para «verlo todo» y no ver nada útil el día que hace falta.
Un comercio se roba en la caja, en la puerta y en el paso al almacén. Casi nunca en el centro del pasillo, que es donde más se pone una cámara porque «se ve todo». Se ve un mapa. No se ve la mano.
La lista corta: entrada de frente, caja a las manos, trastienda, carga. El resto es relleno hasta que esos cuatro están bien.
Dónde sí, con el ángulo que sirve
Altura y dirección importan más que los megapíxeles del folleto.
Entrada, a la cara
Quien entra tiene que verse de frente, con luz de la calle a favor si se puede. Contra el sol de la puerta, la silueta. Un metro de umbral basta; la acera entera, no.
Caja, al tablero
Manos, cajón, TPV. No el techo. No el pasillo de atrás. Quien cobra no tiene que tapar el plano con el hombro: cámara un poco a un lado, no justo encima de la nuca.
Paso a trastienda y almacén
La puerta interior. El material sale por ahí, no por el escaparate. Una cámara en ese paso rinde más que dos en lineales.
El lineal ciego, solo si lo es
Un rincón que no se ve desde caja. Si se ve, no hace falta una cámara «por si acaso». Cada cámara de más es otro mes de imágenes que custodiar.
Tres sitios que sobran o están prohibidos
El cartel no arregla un encuadre ilegal.
Contra el cristal a pleno sol
La imagen de las cinco de la tarde en agosto no identifica a nadie. Si la puerta da al oeste, hay que compensar o mover el punto.
Centro del techo «para cubrir»
Coronillas. Sirve de plano general, no de prueba. Si el presupuesto es corto, esa es la cámara que se cae primero.
Cuatro puntos bien, antes que ocho regular
El hurto se ve en un encuadre, no en un mosaico de nueve cajas.
Puerta de frente, caja a las manos, paso de almacén. Luego el rincón que de verdad no se ve. Cableadas, con grabador en local, cartel en cada acceso.
Si quieres, nos plantamos, marcamos los puntos en el local vacío o en marcha, y te decimos cuáles sobran. Suele sobrar alguno. La visita es gratis.
Lo que sueles preguntar
¿A qué altura se coloca la cámara de la caja?+
La cámara de caja se coloca por encima de la cabeza de quien cobra, mirando de frente al mostrador: manos, cajón y TPV son lo que importa, no la cara del cliente completa ni el techo. Colocarla demasiado alta solo capta gorras y coronillas; demasiado baja, el propio cuerpo de quien despacha tapa el plano en cuanto se inclina. El rango que funciona en la mayoría de mostradores es de 2,2 a 2,6 metros, inclinada hacia el plano de trabajo y ligeramente a un lado del cajero, nunca justo encima de su nuca. Conviene probarla con alguien real detrás del mostrador antes de fijarla con tornillos: lo que se ve bien en la pantalla del instalador de pie puede no coincidir con lo que graba a la altura real de un empleado sentado o de estatura baja. Ese ajuste de cinco minutos evita repetir la obra.
¿Una cámara ojo de pez en el centro no vale para todo?+
Cubre mucho terreno y demuestra poco. El ojo de pez da una vista general del local que sirve para saber por dónde se movió alguien, pero la distorsión de sus bordes rara vez permite identificar una cara o precisar qué mano cogió qué producto, que es lo que de verdad hace falta el día que hay un hurto. Tiene sentido como complemento del centro del local, apoyando a las cámaras de punto fijo, nunca sustituyéndolas: la de caja sigue haciendo falta encuadrada al mostrador, y la de entrada sigue haciendo falta mirando de frente a quien llega. Un error habitual es comprar una única cámara de gran angular pensando que sustituye a tres, y descubrir el día del robo que la imagen es preciosa pero inútil como prueba. Si el presupuesto es ajustado, mejor menos cámaras bien encuadradas que una panorámica que lo ve todo y no demuestra nada.
¿Hay que grabar la calle?+
Solo lo mínimo necesario para identificar a quien entra: la puerta y aproximadamente un metro de umbral, no la acera completa ni el paso de peatones. Una cámara de fachada que se come toda la calle graba a vecinos, repartidores y coches que nada tienen que ver con el comercio, lo que además de innecesario genera un problema de protección de datos: cuantas más personas ajenas al negocio capta la cámara, mayor es la responsabilidad de quien la instala. Y no es solo un problema legal en abstracto: una cámara orientada hacia el portal de enfrente o hacia la ventana del vecino genera quejas reales y, a veces, una denuncia que se podría haber evitado con un simple ajuste del ángulo. Basta con inclinar el objetivo hacia abajo y comprobar en directo qué aparece en el encuadre antes de fijar el soporte.
¿Y el almacén?+
Sí, y suele ser el punto más olvidado. La puerta que conecta la tienda con la trastienda, y el punto de carga y descarga si lo hay, son por donde desaparece material sin que ningún cliente ni empleado en mostrador lo vea pasar. A diferencia del hurto en tienda, que suele quedar registrado por la cámara de caja o de lineal, la merma de almacén casi nunca tiene testigos, así que una cámara bien puesta en ese paso concreto rinde más que dos o tres repartidas por los pasillos de producto. No hace falta cubrir todo el almacén: con la puerta de acceso y, si existe, la zona de carga es suficiente para saber quién entró, cuándo y con qué salió. Es también el punto donde conviene revisar quién tiene llave o código de acceso, porque una cámara sin control de accesos solo registra el problema, no lo evita.
¿Puedo poner una cámara en el vestuario «por los robos»?+
No, sin excepción y sin que ningún cartel lo arregle. Vestuarios, probadores cerrados y aseos son espacios donde se presupone intimidad y quedan fuera del alcance de cualquier cámara, tanto si es para vigilar clientes como empleados. El argumento de «aquí es donde se esconde la mercancía» no cambia nada: el hurto de tesorería o de producto se controla en caja, en la salida y en el propio lineal, no dentro de un espacio cerrado pensado para cambiarse de ropa. Instalar una cámara ahí, aunque sea disimulada o apagada la mayor parte del tiempo, expone al negocio a una sanción y, sobre todo, a perder la confianza de clientes y plantilla si se descubre. Si el problema real es el hurto en probador, la solución pasa por limitar el número de prendas que entran, no por grabar dentro de una cabina cerrada.
¿La cámara de la entrada mira de frente o de espaldas?+
De frente a quien entra, siempre que sea posible: eso es lo único que permite ver una cara e identificar a alguien después. Una cámara que mira de espaldas, siguiendo a quien ya ha entrado, solo capta la nuca y la ropa de quien se marcha, que sirve de poco si hay que reconocer a alguien en una denuncia. Si el local solo tiene sitio o presupuesto para una cámara en la zona de puerta, esa cámara tiene que mirar hacia quien llega, no hacia el interior del local. La contraluz es el enemigo habitual de este encuadre: si la puerta da a una calle muy iluminada, la figura de quien entra puede quedar en silueta y perder todo el valor identificativo, así que conviene comprobar el encuadre a distintas horas del día antes de darlo por bueno.
¿Cuántas cámaras hacen falta en un local de 80 metros cuadrados?+
Los metros cuadrados no son la unidad que cuenta, y es el error más habitual al presupuestar una instalación. Lo que hay que contar son los puntos críticos: puerta de entrada, caja, paso al almacén y, si existe, algún lineal que quede fuera de la vista desde caja. Un local de 80 metros puede necesitar tres cámaras bien puestas si tiene un mostrador único y un almacén pequeño, o cinco si tiene dos entradas y varios pasillos que tapan la visión. Contar metros cuadrados lleva a repartir cámaras de forma uniforme por el espacio, que es exactamente el error que produce vídeo de techos y pasillos vacíos en vez de manos y caras. La forma correcta de dimensionar una instalación es caminar el local señalando cada punto donde realmente puede pasar algo, y poner ahí, y solo ahí, una cámara.
¿Se puede evitar taladrar el techo con cámaras wifi?+
Casi siempre es mejor no plantearlo así, porque el techo de un comercio suele poder cablearse sin obra mayor: falso techo, canaleta vista o un pasacables discreto resuelven la mayoría de locales sin levantar nada. La cámara wifi evita el cable de datos, pero sigue necesitando alimentación eléctrica en algún punto, así que el ahorro de trabajo es menor de lo que parece: si de todas formas hay que llevar corriente hasta la cámara, llevar también un cable de red cuesta poco más y da una imagen más estable, sin cortes ni depender de la cobertura wifi del local. El wifi tiene su sitio en instalaciones de alquiler o temporales, donde no conviene hacer obra porque el negocio se puede mudar en poco tiempo. En un comercio con vocación de quedarse, cablear de origen ahorra disgustos de imagen congelada el día que más se necesita.
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