¿NAS o nube
para las copias?
La pregunta no es cuál es mejor: es de qué te quieres proteger. Un NAS te salva de un disco roto y de un borrado accidental. La nube te salva además de un incendio, un robo y un ransomware que cifre toda la oficina. Casi todo el mundo necesita las dos cosas, y menos de lo que cree.
Por Ismael Vázquez, fundador y técnico · Publicado el 26 de julio de 2026
No es cuál es mejor, es de qué te proteges
Las dos cosas se llaman «copia de seguridad» y protegen de cosas distintas.
Cuando alguien pregunta si es mejor un NAS o la nube, casi siempre está comparando precio y velocidad. Y el criterio que decide de verdad es otro: de qué escenario te quieres proteger.
Haz la lista de lo que puede pasar. Se rompe un disco. Alguien borra una carpeta por error. Un ransomware cifra todos los ficheros de la oficina. Entran a robar y se llevan los equipos. Hay un incendio, o revienta una tubería.
Ahora mira cuáles cubre cada opción. Un NAS en la oficina cubre los dos primeros y ninguno de los tres últimos. La nube cubre los cinco, pero es más lenta para devolverte 200 GB y depende de tu subida.
De ahí sale la respuesta que damos siempre, y no es un truco de vendedor: casi todo el mundo necesita las dos, y menos capacidad de la que cree.
Qué hace bien cada uno
Con sus límites reales, no los del folleto.
NAS propio
A favor: restauración muy rápida porque los datos están en tu red, capacidad grande sin cuota, control total de dónde están los datos y ninguna dependencia de tu velocidad de subida. Ideal para volúmenes grandes: diseño, vídeo, obra.
En contra: está en el mismo edificio que el problema. No te salva de robo, incendio ni agua. Y si se monta como unidad de red accesible, un ransomware lo cifra igual que el resto. Necesita mantenimiento: discos que se sustituyen, avisos que alguien tiene que leer.
Copia en la nube
A favor: está fuera, que es exactamente lo que ninguna copia local puede ofrecer. Versionado, así que puedes volver a antes del cifrado o del borrado. No hay hardware que mantener ni discos que cambiar.
En contra: cuota mensual indefinida. La primera copia puede tardar días según tu subida, y una restauración grande también. Y hay que leer qué pasa con tus datos si dejas de pagar, y cuánto tiempo se guardan las versiones antiguas.
3-2-1, y por qué cada número está ahí
Es la formulación estándar y explica por qué NAS y nube no compiten entre sí.
Tres copias
El original más dos. Con una sola copia, cualquier fallo en ella te deja sin nada. Con dos, tendrían que fallar las dos a la vez.
Dos soportes distintos
No dos carpetas del mismo disco, ni dos discos del mismo NAS comprados el mismo día del mismo lote. Soportes de naturaleza distinta fallan por motivos distintos.
Una fuera del sitio
Es el número que casi nadie cumple y el que cubre incendio, agua y robo. Puede ser la nube, o puede ser un disco externo que rota y duerme en otro edificio. Lo importante es que no comparta dirección postal con el original.
Y una que el equipo no pueda modificar
No está en la formulación clásica y hoy es igual de importante, porque el ransomware busca activamente unidades de red y copias accesibles. Una copia que tu ordenador no puede sobrescribir es la que te salva de ese caso concreto.
Qué recomendamos
Situaciones reales, ordenadas de menos a más.
| Situación | Qué montar |
|---|---|
| Particular con fotos y documentos | Nube con versionado, y un disco externo que rota |
| Autónomo o despacho pequeño | Nube como copia principal; NAS solo si el volumen lo justifica |
| Oficina con carpetas compartidas | NAS para trabajar y restaurar rápido + nube como copia fuera |
| Diseño, vídeo, arquitectura (volumen grande) | NAS obligatorio por volumen + nube de lo crítico, no de todo |
| Datos de salud o de clientes regulados | Las dos, cifrado, y control documentado de accesos |
| Ya tienes NAS en espejo y nada más | Te falta la copia de fuera. Es el caso más frecuente |
Un NAS en espejo no es una copia de seguridad
Y es el malentendido que más datos ha costado de todos los que vemos.
Un NAS con dos discos en espejo escribe lo mismo en los dos a la vez. Eso te protege de una cosa: que se rompa un disco. Y de ninguna otra.
Si borras una carpeta por error, se borra de los dos al instante. Si un ransomware cifra los ficheros, los cifra en los dos. Si hay un incendio, se van los dos. El espejo es disponibilidad —seguir trabajando aunque falle un disco— y no tiene nada que ver con poder volver atrás en el tiempo, que es lo que hace una copia de seguridad.
La segunda parte del problema es peor, porque es silenciosa: casi todos los casos de pérdida de datos que nos llegan tenían copia. Lo que no tenían era una copia que alguien hubiera comprobado. Un disco de copia que se llenó hace ocho meses, una tarea programada que falla desde una actualización, un NAS avisando de un disco degradado por correo a una dirección que nadie lee.
Así que la recomendación más útil de este artículo no cuesta dinero: restaura un fichero cualquiera hoy. Si sale, tienes copia. Si no sabes ni por dónde empezar, entonces ya sabes en qué punto estás.
Si prefieres que lo revisemos nosotros, lo miramos y te decimos qué está cubierto, qué no y qué falta —normalmente la copia de fuera. Y si el disco ya ha fallado, mira antes qué determina el precio de una recuperación, porque siempre cuesta más que la copia que la habría evitado.
Lo que sueles preguntar
¿Qué es mejor, un NAS o la nube?+
Ninguno de los dos gana en abstracto: la pregunta correcta es contra qué riesgo te expones tú, no en general. Si tu punto débil es el error humano —una carpeta borrada, una versión sobrescrita— un NAS con histórico de versiones te devuelve el fichero en segundos porque no sale de tu red. Si tu punto débil es el edificio entero —robo, incendio, agua, o un ransomware que recorre toda la oficina— solo lo que está fuera te salva, y eso es la nube. La mayoría de negocios tiene los dos riesgos a la vez, así que la respuesta honesta no es «uno mejor», es «los dos, con roles distintos»: el NAS como primera línea rápida, la nube como red de fondo cuando falla algo más grande que un disco. Decide mirando qué escenario te ha pasado ya, o cuál te preocupa de verdad, no comparando fichas técnicas.
¿Un NAS con dos discos ya es una copia de seguridad?+
No, y merece la pena separarlo del anterior porque no habla de dónde está la copia sino de cómo se comportan los discos entre sí. Un NAS en espejo (RAID 1 o similar) escribe el mismo dato en dos discos a la vez: si uno falla mecánicamente, el otro sigue sirviendo sin que notes nada, y eso es disponibilidad, no recuperación. El problema es que cualquier cosa que no sea un fallo físico de disco —borrar sin querer, sobrescribir un fichero, un cifrado por ransomware— ocurre en los dos discos igual de rápido, porque el espejo no distingue una escritura buena de una mala. Para que exista copia real hace falta una versión separada en el tiempo: snapshots, versionado o una copia que no se actualice sola. Si tu NAS solo tiene espejo, tienes protección ante avería de hardware y nada más; el resto de esta lista sigue sin estar cubierto.
¿Es más barata la nube o el NAS?+
Ninguna cifra fija responde a esto, porque lo que decide el coste real no es la etiqueta del precio sino el horizonte temporal y el volumen que muevas. El NAS concentra el gasto al principio —el aparato, los discos— y luego solo pesa la electricidad y, cada varios años, sustituir un disco que empieza a fallar; pasado ese desembolso inicial, guardar más datos no encarece casi nada. La nube reparte el coste en una cuota que no termina nunca y que normalmente crece con el volumen guardado, así que cuanto más tiempo la mantengas y más datos acumules, más pesa frente al NAS. Lo que casi nadie mira es el coste de sacar los datos: muchos proveedores cobran por descargar en una restauración grande, justo el momento en que menos ganas tienes de mirar la factura. Compara con tu horizonte real —cuántos años vas a mantener el sistema— no con la cuota del primer mes.
¿Qué es la regla 3-2-1?+
Tres copias de tus datos, en dos soportes de tecnología distinta, con al menos una fuera del edificio donde está el original. El número tres cuenta el original más dos copias, porque con una sola copia cualquier fallo en ella te deja sin nada; con dos, tendrían que fallar ambas a la vez, algo mucho menos probable si además son de naturaleza distinta. El «dos soportes» es lo que aporta el NAS —un medio separado del disco del ordenador— y el «una fuera» es lo que aporta la nube, o un disco físico que viaja a otra dirección. Por eso NAS y nube no compiten: cada uno resuelve una parte distinta de la misma regla, y quien tiene solo uno de los dos cumple como mucho dos tercios de ella. Tenemos un artículo aparte dedicado solo a esta regla, con la prueba de restauración que la completa; aquí basta con quedarte con los tres números.
¿El ransomware puede cifrar mi NAS?+
Sí, y es uno de los vectores más comunes precisamente porque el NAS suele estar montado como unidad de red visible desde los mismos equipos que se infectan. El ransomware moderno, en cuanto entra en un ordenador, no se limita a cifrar el disco local: recorre activamente la red buscando unidades y carpetas compartidas a las que ese usuario tenga acceso, y las cifra igual. Si tu copia vive en una carpeta que cualquier equipo de la oficina puede escribir sin restricción, esa copia está tan expuesta como el original. Lo que reduce el riesgo de verdad son dos cosas: permisos de escritura limitados a quien realmente los necesita, y una capa de snapshots o versiones que el propio malware no pueda borrar ni sobrescribir con una cuenta de usuario normal. Sin eso, un NAS bien alimentado de datos puede acabar siendo el sitio donde el ransomware encuentra más para cifrar, no menos.
¿Sirve un disco duro externo?+
Como una de las piezas de la regla 3-2-1, sí, siempre que se use con disciplina y no como excusa para no hacer nada más. Su ventaja es que es barato, portátil y no depende de ninguna cuota ni de tu velocidad de subida: copias y te lo llevas. Sus dos puntos débiles son los que de verdad importan. Primero, si se queda enchufado permanentemente, deja de ser una copia «fuera» y pasa a ser una unidad más que un ransomware puede alcanzar igual que el NAS. Segundo, sin un hábito fijo de conectarlo, copiar y guardarlo en otro sitio, la copia envejece sin que nadie se dé cuenta hasta que hace falta y ya no sirve. Un disco externo que se conecta, se actualiza y se guarda en otra dirección —o se rota con otro que ya estaba fuera— cumple perfectamente el papel de la copia offsite, sin necesidad de nube.
¿Cada cuánto hay que hacer copia?+
Lo que fija la frecuencia no es una norma general, es la cantidad de trabajo que estás dispuesto a rehacer si el fallo ocurre justo antes de la siguiente copia. Un despacho que factura a diario no puede permitirse perder una semana de facturas; una carpeta de fotos familiares que casi no cambia puede vivir con una copia mensual sin drama. Lo segundo que decide la frecuencia es si la copia es manual o automática: una tarea manual «cuando me acuerdo» acaba espaciándose sola con el tiempo, mientras que una programada mantiene el ritmo que le pongas sin que dependa de nadie. Para datos que cambian todos los días —ventas, correo, documentos de trabajo— lo razonable es una copia automática diaria como mínimo, y algo más frecuente si lo que no puedes permitirte perder se mide en horas. El punto de partida siempre es el mismo: mira cuánto trabajo produces entre copia y copia, no cuánto espacio ocupa.
¿Cómo sé que mis copias funcionan?+
Restaurando de verdad, no comprobando que el proceso de copia «termina sin error», que es lo que casi todo el mundo confunde con que funciona. Un trabajo de copia puede terminar en verde durante meses mientras copia una carpeta vacía, una versión antigua o un disco que se llenó hace tiempo, y la interfaz seguirá diciendo que todo va bien. La prueba real tiene tres partes: elige un fichero al azar, no el más reciente ni el más fácil; restáuralo en un sitio distinto al original, para no confiar en que «ya estaba ahí»; y ábrelo para comprobar que el contenido es el correcto y no una versión de hace meses. Hazlo con calendario fijo, no solo cuando algo huele mal, porque el fallo silencioso es la norma, no la excepción, en las copias que nunca se han probado. Si nunca has hecho este ejercicio, no sabes si tienes una copia de seguridad o solo la sensación de tenerla.
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