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Qué debe incluir
un contrato de mantenimiento

Casi todas las discusiones con un proveedor de informática salen de dos frases que no estaban escritas: en cuánto tiempo respondéis y qué no entra en la cuota. Aquí están las nueve cláusulas que deberían estar en cualquier contrato, con lo que significa cada una en la práctica y la trampa habitual de cada punto.

Por , fundador y técnico · Publicado el 28 de agosto de 2026

De dónde salen los conflictos

Casi siempre, de dos frases que faltaban

No de mala fe. De que nadie las escribió al principio, cuando todo iba bien.

Los desacuerdos con un proveedor de informática casi nunca empiezan por el precio. Empiezan un martes por la mañana, con el servidor de facturación parado, cuando el cliente cree que le van a atender en una hora y el proveedor cree que lo normal es el mismo día.

Los dos tienen razón, porque nadie escribió el número.

Lo mismo pasa con la segunda frase que falta: qué no entra en la cuota. Si el contrato solo enumera lo que cubre, cualquier cosa fuera de esa lista es materia de discusión el día que ocurre. Si además enumera lo que no cubre, no hay discusión posible.

Este artículo es la lista de cláusulas que deberían aparecer en cualquier contrato de mantenimiento. Sirve para leer el que te han pasado, y también para pedir por escrito lo que ya te han prometido de palabra.

El punto que más se malinterpreta

Respuesta no es resolución

Son dos relojes distintos y casi todos los contratos solo comprometen el primero.

Tiempo de respuesta

Cuánto tarda una persona en hacerse cargo del aviso: cogerlo, mirarlo y decirte qué pasa. Es lo único que un proveedor puede garantizar de verdad, porque depende solo de él. Suele expresarse en horas laborables y debería distinguir por gravedad: no es lo mismo la impresora de recepción que el servidor que factura.

Tiempo de resolución

Cuánto tarda en estar arreglado. Depende de cosas que no controla nadie: si hay que pedir una pieza, si el fabricante tiene que intervenir, si el operador tarda tres días. Un contrato honesto no promete un plazo fijo aquí; promete un compromiso de dedicación continua hasta resolver y un aviso si se va a alargar.

Cuando veas un contrato que garantiza resolución en cuatro horas para todo, comprueba la letra pequeña. O tiene tantas excepciones que no compromete nada, o no se va a cumplir.

El contenido mínimo

Nueve cláusulas que deberían estar

Ninguna es exótica. Faltan por costumbre, no por picaresca.

01

Inventario de lo que se mantiene

Un anexo con los equipos, servidores, líneas y servicios cubiertos. Sin él no se sabe qué entra, y el contrato se vuelve una conversación anual sobre si aquel portátil estaba dentro. Revisable una vez al año, con altas y bajas por escrito.

02

Horario de servicio y plazos por gravedad

En qué franja se atiende, qué pasa fuera de ella y qué cuesta si hay que salir de madrugada. Con al menos dos niveles de gravedad: parada total del negocio y todo lo demás. Si tu negocio no puede parar, esto es lo primero que hay que negociar.

03

Canales por los que se avisa

Teléfono, correo, un portal. Y cuál es el válido a efectos del plazo comprometido, porque un aviso por WhatsApp a las once de la noche a un móvil personal no es un aviso registrado. Que exista un canal formal protege a las dos partes.

04

Qué queda fuera, enumerado

El apartado más importante y el que más se omite. Hardware nuevo, licencias, obra y cableado, migraciones, y daños por manipulación de terceros. Su ausencia es la señal de alarma, no su contenido.

05

Copias de seguridad: vigilar o responder

Muy distinto vigilar que se ejecutan a responder de que se puedan restaurar. Escribe quién hace la prueba de restauración, cada cuánto y de qué deja constancia. Es la cláusula que se echa de menos exactamente una vez, y esa vez es cara.

06

Seguridad y actuación ante incidente

Quién decide aislar un equipo, a quién se avisa y en qué orden. Si nunca se ha hablado, la respuesta se improvisa el peor día del año: las primeras horas de un ransomware se deciden en los primeros veinte minutos y no es momento de averiguar quién manda.

07

Contrato de encargado del tratamiento

Si el proveedor toca datos personales —y en informática los toca siempre—, hace falta el contrato del artículo 28 del RGPD, aparte del de servicio. Va con instrucciones documentadas, confidencialidad del personal y régimen de subcontratación. Lo desarrollamos en mantenimiento informático y RGPD.

08

Informes y reuniones

Qué se entrega, cada cuánto y con qué contenido. Un informe mensual de incidencias es lo que convierte el mantenimiento en algo medible en vez de una cuota que se paga por costumbre. Y es lo que permite ver un patrón: cinco avisos del mismo equipo en tres meses no son cinco incidencias, son una decisión pendiente.

09

Salida y devolución de accesos

Preaviso, plazo y qué se entrega al terminar: contraseñas de administrador, documentación, acceso a las copias, titularidad del dominio y de las licencias. Negociar esto al firmar cuesta cinco minutos; negociarlo al salir cuesta semanas.

Tres formas de contratar

Cuota, bolsa de horas o por aviso

No hay una mejor: hay una que encaja con cuánto te cuesta estar parado.

 Cuota fija mensualBolsa de horasPor aviso
Previsibilidad del gastoAltaMediaNinguna
Plazo comprometidoSíA vecesNo
Conocen tu instalaciónSíDependeCasi nunca
Trabajo preventivoIncluidoConsume horasNo existe
Sale a cuenta si…Paras y eso te cuesta dineroLlamas de vez en cuandoCasi nunca llamas
La letra pequeñaQué queda fueraSi las horas caducanEl plazo, que no hay
La pregunta incómoda

Qué pasa cuando la avería es culpa de otro

La respuesta correcta no es «no es cosa nuestra».

Una parte grande de las incidencias de una empresa pequeña no las causa su informática: las causa el operador, el proveedor del programa de gestión, el banco que cambia el certificado o una actualización del fabricante.

Que eso quede fuera de la responsabilidad del mantenedor es razonable. Lo que no debería quedar fuera es la gestión. Buena parte del valor de un contrato es que alguien que sabe de qué habla llame al operador en tu nombre, aguante la cola y sepa qué pedir, en vez de que lo haga la persona de administración entre dos facturas.

Pregúntalo tal cual antes de firmar: si el problema es del operador, ¿quién llama? La respuesta separa dos tipos de proveedor.

Señales

Tres cosas que deberían hacerte pedir otra oferta

Ninguna es motivo de sospecha por sí sola. Las tres juntas, sí.

No hay apartado de exclusiones

Un contrato que solo dice lo que cubre está trasladando el riesgo entero a la interpretación. Y la interpretación siempre se resuelve el día que el sistema está caído.

Los plazos no distinguen gravedad

Un único número para todo significa que está calculado para el caso fácil. Cuando llegue el difícil, ese número no lo va a cumplir nadie.

Las cuentas están a nombre del proveedor

Dominio, correo, panel del hosting, licencias. Es cómodo mientras dura y es un problema el día que se acaba. Se comprueba en diez minutos y se arregla en una semana; después de una discusión, no siempre.

Cómo usar esto

Léelo con el contrato delante

El objetivo no es desconfiar del proveedor: es escribir lo que ya habéis acordado de palabra.

Si ya tienes contrato, saca el PDF y ve marcando las nueve cláusulas. Lo normal es que falten dos o tres, y lo normal también es que el proveedor no tenga ningún problema en ponerlas por escrito, porque en la práctica ya lo está haciendo.

Si estás comparando ofertas, usa la lista como plantilla: pide a los dos candidatos que respondan a los mismos nueve puntos. Comparar dos cuotas es imposible; comparar dos respuestas a la misma pregunta, no.

Y si quieres, te lo miramos nosotros. Leer un contrato de mantenimiento ajeno y decirte qué le falta es media hora de trabajo y no cobramos por ello, aunque acabes quedándote con quien estás.

Dudas frecuentes

Lo que sueles preguntar

¿Qué diferencia hay entre tiempo de respuesta y tiempo de resolución?+

El tiempo de respuesta es cuánto tarda una persona en hacerse cargo del aviso: leerlo, clasificarlo y decirte qué está pasando. El tiempo de resolución es cuánto tarda el problema en estar arreglado de verdad, y depende de factores que el proveedor no controla del todo: si hace falta una pieza, si interviene un fabricante, si el operador de turno tarda. Un contrato serio compromete el primero con un número y trata el segundo como una dedicación continua, no como una promesa cerrada. La señal de alarma no es que el contrato no fije un plazo de resolución: es que lo fije igual para una impresora atascada que para un servidor caído, sin distinguir gravedad. Antes de firmar, pregunta qué pasa si el plazo de respuesta se cumple pero el aviso se queda sin nadie asignado detrás: ese hueco intermedio es donde se pierden más horas que en la propia avería, y casi ningún contrato lo menciona.

¿Qué suele quedar fuera de una cuota de mantenimiento?+

Lo habitual es que la cuota deje fuera el hardware nuevo, las licencias de software, el cableado y las obras, los proyectos de migración, y las incidencias que provoca la manipulación de un tercero no autorizado por el propio cliente. Nada de esto es abusivo por sí solo: el problema aparece cuando esas exclusiones no están escritas y se descubren facturadas aparte el día que ya han ocurrido. Fíjate también en el trabajo extraordinario mal definido, un cajón de sastre donde cabe casi cualquier intervención que al proveedor no le compense incluir en la cuota. Pide que ese trabajo extraordinario tenga una definición concreta, no una frase genérica, y que quede claro si se presupuesta antes de ejecutarse o se factura después sin avisar. Un contrato que enumera lo que no cubre, con la misma dedicación que lo que sí cubre, es mucho más difícil de discutir el día que aparece una factura inesperada.

¿Es mejor una cuota fija o pagar por horas?+

Depende de cuántas incidencias reales tengas al mes y de qué te cuesta que un sistema esté parado, no de lo que parezca más barato en el papel. La cuota fija compra previsibilidad de gasto y prioridad de atención: sabes cuánto pagas cada mes y el proveedor conoce tu instalación porque la revisa aunque no llames. El pago por horas sueltas puede salir más económico si apenas tienes incidencias, pero llega sin plazo comprometido y sin nadie que arranque ya sabiendo dónde está cada cosa, porque cada visita empieza casi desde cero. La bolsa de horas prepagadas es el punto intermedio: compras dedicación por adelantado a mejor precio que la hora suelta, pero hay que mirar si las horas caducan al final del periodo o se acumulan, porque esa letra pequeña cambia el cálculo entero. Ninguna opción es mejor en abstracto: la que encaja es la que se ajusta a cuánto le cuesta parar a tu negocio.

¿El mantenimiento incluye las copias de seguridad?+

Depende del contrato, y es la cláusula que más conviene leer despacio. Muchos incluyen vigilar que el proceso de copia se ejecuta cada noche y avisar si falla, pero no incluyen responsabilizarse de que esa copia sirva para restaurar algo el día que hace falta. Son compromisos distintos: uno es supervisión, el otro es garantía de recuperación, y cuestan cosas diferentes. Pregunta explícitamente quién hace la prueba de restauración, con qué frecuencia y qué queda documentado de esa prueba, porque una copia que nunca se ha restaurado es una suposición, no una copia de seguridad. Pregunta también dónde vive esa copia: si solo hay un destino y está en la misma red que el original, un mismo incidente puede llevarse los dos a la vez. Si el contrato no menciona ni la prueba de restauración ni el destino, no des por hecho que están cubiertos: es exactamente el tipo de cosa que se asume hasta que falla en el peor momento.

¿Qué pasa si el problema lo causa un tercero?+

Que la avería no sea responsabilidad del mantenedor es razonable cuando la causa un tercero: el operador que corta la línea, el banco que cambia un certificado, el fabricante que publica una actualización defectuosa. Lo que sí conviene dejar escrito es quién gestiona ese contacto y con qué margen. Un buen contrato especifica si el proveedor abre el aviso con el tercero en tu nombre, si te mantiene informado del estado y si existe un límite de tiempo dedicado a esa gestión dentro de la cuota o se factura aparte a partir de cierto punto. Sin esa cláusula, lo habitual es que la gestión recaiga en quien tenga más paciencia ese día, normalmente alguien de tu plantilla que no debería estar al teléfono con un operador durante horas. Pregunta también si el proveedor deja constancia por escrito de esas gestiones, porque ese historial es lo que evita repetir la misma explicación cada vez que cambia la persona que atiende al otro lado.

¿Cuántos equipos entran en la cuota?+

Entran los que figuren en el inventario anexo al contrato, y por eso ese anexo tiene que ser una lista concreta con marca, modelo y función, no una cifra aproximada de puestos de trabajo. Cuando compras un equipo nuevo o das de baja uno, lo normal es que el contrato prevea cómo se actualiza esa lista y si el precio de la cuota cambia proporcionalmente o hay que esperar a la revisión anual. Sin ese mecanismo, cada alta se convierte en una llamada incómoda para negociar, y cada baja sigue generando una factura por algo que ya no existe. Conviene fijar también qué pasa con equipos que no están permanentemente en la oficina, portátiles de gente que teletrabaja o dispositivos personales que acceden a los sistemas de la empresa, porque quedan fuera del inventario con demasiada frecuencia sin que nadie lo note hasta que fallan y nadie sabe si estaban cubiertos.

¿Hay que firmar un contrato de encargado del tratamiento?+

Sí, siempre que el proveedor acceda a datos personales, y en informática eso ocurre en la práctica totalidad de los casos porque quien mantiene los sistemas ve los ficheros de clientes, las nóminas o el correo de la empresa. Ese contrato es independiente del contrato de servicio y tiene que existir por escrito, con instrucciones documentadas sobre qué puede hacer el proveedor con esos datos, un compromiso de confidencialidad del personal que accede a ellos y una lista de si subcontrata a su vez a otro proveedor, por ejemplo un centro de datos o un servicio de copias en la nube. Si el que te mantiene el sistema no te lo ofrece por iniciativa propia, pregúntalo tú: un proveedor que trabaja con datos personales de forma habitual ya tiene esa plantilla preparada, y que no la saque solo dice que nunca se lo han pedido antes. Es una firma de diez minutos que evita que la responsabilidad de ese tratamiento recaiga entera sobre tu empresa.

¿Qué me llevo si cambio de proveedor?+

Tiene que estar escrito en el contrato desde el principio, no negociado el día que decides irte, porque ese día ya no tienes ninguna palanca. Lo mínimo: las contraseñas de administrador de todos los sistemas, la documentación actualizada de la instalación, el acceso a las copias de seguridad existentes y la titularidad de las licencias que has pagado tú, aunque estén gestionadas desde la cuenta del proveedor. Conviene añadir también un plazo de transición, un periodo en el que el proveedor saliente sigue disponible para resolver dudas del que entra, porque el conocimiento de una instalación no se transmite entero en un documento. Antes de firmar cualquier contrato nuevo, comprueba en quién está registrado hoy el dominio, el correo y el panel de administración del hosting: si ya están a nombre del proveedor actual, empieza por recuperarlos ahora, no esperes al cambio, porque negociarlo con prisa y sin margen sale mucho peor para ti.

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