Contraseñas: qué hacer
y qué dejar de hacer
Las reglas que nos enseñaron hace años, una mayúscula, un símbolo y cambiarla cada mes, producen contraseñas difíciles de recordar y fáciles de adivinar. Lo que de verdad protege es otra cosa: una contraseña distinta en cada sitio, un gestor que las recuerde por ti y la verificación en dos pasos, empezando por el correo. Es menos trabajo que lo de antes, no más.
Por Ismael Vázquez, fundador y técnico · Publicado el 15 de octubre de 2026
Las reglas de antes protegían poco y cansaban mucho
Una mayúscula, un número, un símbolo y cambiarla cada mes. Casi todo eso ha quedado atrás.
Durante años nos pidieron contraseñas como «P@ssw0rd!» y que las cambiáramos cada pocas semanas. El resultado lo conoce cualquiera que haya trabajado en una oficina: la misma clave con un número al final que sube cada vez, apuntada en un pósit porque nadie la recuerda.
La guía de identidad digital del NIST estadounidense (SP 800-63B), la referencia que siguen muchas organizaciones, dice hoy lo contrario: no exigir cambios periódicos, no imponer mezclas obligatorias de caracteres, permitir contraseñas largas y permitir los gestores de contraseñas. Lo que sí exige es cambiar la contraseña cuando hay indicios de que se ha filtrado.
Lo que protege de verdad cabe en tres frases: una contraseña distinta en cada servicio, un gestor que las recuerde por ti y la verificación en dos pasos, empezando por el correo.
Cinco hábitos que sí protegen
En este orden. Los dos primeros resuelven la mayor parte del problema.
Una contraseña por servicio
Es la regla que más importa. Cuando un servicio sufre una filtración, lo primero que hacen los atacantes es probar ese mismo correo y esa misma contraseña en otros sitios. Si cada clave es distinta, la filtración se queda en ese servicio. La OSI de INCIBE lo pone en primer plano por esa razón.
Un gestor de contraseñas
Recuerda, genera y rellena las contraseñas por ti, cifradas tras una sola contraseña maestra. Sin gestor, tener cincuenta claves distintas es imposible; con él, no cuesta nada. El que trae el navegador o el móvil ya es un gran paso.
Verificación en dos pasos, con app o llave
Además de la contraseña, un segundo paso que solo tienes tú. Mejor una aplicación de autenticación o una llave física que un SMS: el NIST califica el SMS de método «restringido» y no resistente al phishing. Aun así, SMS es mejor que nada.
El correo, primero
Es la llave maestra: desde el correo se restablece la contraseña de casi todo lo demás. Merece tu mejor contraseña y el segundo paso más fuerte que admita. Revisa también las sesiones abiertas y las reglas de reenvío.
Frases largas mejor que símbolos raros
Cuatro o cinco palabras sin relación entre sí pesan más que ocho caracteres retorcidos. El NIST pide al menos 15 caracteres cuando la contraseña es la única protección. Solo necesitas memorizar unas pocas: la del gestor, la del correo y la del ordenador.
Costumbres que conviene abandonar
Todas parecen prudentes. Ninguna lo es tanto como parece.
Cambiarlas cada mes por norma
Produce «Clave01», «Clave02», «Clave03». El NIST prohíbe exigir cambios periódicos; la OSI de INCIBE aún sugiere revisarlas cada seis meses, pero nadie recomienda hacerlo cada mes. Cámbiala cuando haya un motivo: una filtración, un acceso raro, haberla dado a alguien.
Compartir la contraseña del equipo
Una cuenta para toda la oficina impide saber quién hizo qué y obliga a cambiarla cada vez que alguien se va. Un usuario por persona, siempre que el servicio lo permita.
Dar códigos por teléfono o WhatsApp
Ningún banco ni servicio te pedirá que le leas un código que te acaba de llegar. Si alguien lo hace, es exactamente el fraude que describe el artículo del falso aviso del banco.
Guardarlas en un documento llamado «contraseñas»
En el escritorio, sin cifrar, a la vista de cualquier programa malicioso o de quien se siente en tu silla. Si ya lo tienes, pásalas al gestor y borra el fichero.
Usar la del correo en cualquier otro sitio
Si se filtra la tienda online donde la repetiste, se filtra tu correo, y con él todo lo demás.
Qué segundo paso elegir
Ordenado de más a menos resistente. Usa el mejor que te ofrezca cada servicio.
| Método | Qué tener en cuenta |
|---|---|
| Llave física o llave de acceso (passkey) | Solo funciona en el sitio auténtico, así que resiste el phishing. Ten una de repuesto |
| Aplicación de autenticación | No depende de la línea móvil. Aun así, si tecleas el código en una web falsa, sirve al atacante |
| Notificación en el móvil | Cómoda. No aceptes nunca una que no hayas provocado tú |
| SMS | Mejor que nada. Expuesto al duplicado de SIM y a quien te pide el código por teléfono |
Empieza por el correo, esta semana
No hace falta hacerlo todo hoy. Hace falta empezar por la cuenta que abre las demás.
Primero, el correo: contraseña nueva, larga y única, y verificación en dos pasos con aplicación o llave. Guarda los códigos de recuperación fuera del móvil.
Después, el gestor: actívalo y deja que vaya guardando cada contraseña a medida que entras en los servicios. Cuando te avise de una clave repetida o filtrada, cámbiala ahí mismo. En unas semanas habrás pasado por todo lo que usas de verdad.
Luego, el segundo paso donde falte: banco, redes sociales, la nube donde guardas fotos o documentos y el programa de gestión del negocio.
Si alguna vez ya diste una contraseña a quien no debías, el orden es otro y tiene prisa: lo explicamos en qué hacer si ya has picado. Y si el correo de tu negocio es el que envía y recibe facturas, una buena contraseña es la mitad de la defensa; la otra mitad es saber reconocer una factura falsa.
Si quieres que lo dejemos configurado en los equipos de tu casa o de tu oficina, gestor incluido, es parte de nuestro soporte informático.
Lo que sueles preguntar
¿Cada cuánto tengo que cambiar las contraseñas?+
Si cada una es distinta, larga y la guarda un gestor, no hace falta cambiarlas por calendario: cámbiala cuando haya un motivo. Es lo que dice la guía de identidad digital del NIST estadounidense (SP 800-63B), la referencia que siguen muchas organizaciones: prohíbe exigir cambios periódicos y obliga a forzar el cambio cuando hay indicios de que la contraseña se ha visto comprometida. El motivo es práctico: quien tiene que cambiar la clave cada mes acaba usando «Verano2026!» y luego «Otoño2026!», y eso no protege de nada. La OSI de INCIBE todavía aconseja revisarlas al menos cada seis meses, pero nadie serio recomienda hacerlo cada mes. Los motivos para cambiarla ya: un aviso de que el servicio ha sufrido una filtración, un inicio de sesión que no reconoces, haberla escrito en una página sospechosa o haberla dicho a alguien por teléfono.
¿Un gestor de contraseñas no es poner todos los huevos en la misma cesta?+
Sí, y es mejor cesta que la alternativa real, que es la misma contraseña en veinte sitios o una libreta junto al ordenador. El gestor guarda las claves cifradas y solo las abre con una contraseña maestra que no sale de tus manos; si un servicio cualquiera sufre una filtración, el atacante se lleva una clave que no sirve en ningún otro sitio. La OSI de INCIBE lo recomienda precisamente por eso, y la guía del NIST obliga a los servicios a permitir los gestores y el autorrelleno. Lo que sí exige es cuidar la cesta: una contraseña maestra larga que no uses en ningún otro sitio, la verificación en dos pasos activada en el propio gestor y un plan por si la olvidas, porque sin ella no hay forma de recuperar lo que guarda. El que viene incluido en el navegador o el sistema del móvil ya es mucho mejor que no usar ninguno.
¿Qué contraseña maestra pongo al gestor?+
Una frase larga que puedas recordar y que no tenga nada que ver contigo en público: cuatro o cinco palabras sin relación entre sí, con espacios si el servicio los admite. La longitud pesa más que los símbolos raros: la guía del NIST pide un mínimo de 15 caracteres cuando la contraseña es la única protección de una cuenta, y desaconseja imponer reglas de composición del tipo «una mayúscula, un número y un símbolo». Evita refranes, letras de canciones, el nombre del perro o la fecha de la boda, que es lo primero que se prueba. Esta es la única contraseña que tienes que memorizar, así que vale la pena dedicarle cinco minutos y escribirla una vez en papel, guardada en un sitio de casa que no sea el cajón del escritorio, hasta que la tengas aprendida. Y activa la verificación en dos pasos en el gestor.
¿Por qué el correo es la cuenta más importante?+
Porque es la que abre todas las demás. Casi cualquier servicio, desde la tienda online hasta la red social o el programa de facturación, te deja cambiar la contraseña con un enlace que envía a tu correo. Quien controla el buzón puede pedir ese enlace en cada sitio y quedarse con las cuentas una a una, sin conocer ninguna contraseña más. Además, desde tu correo puede escribir a tus clientes o a tu familia haciéndose pasar por ti, que es como empiezan muchas facturas falsas. Por eso el correo merece la mejor contraseña que tengas, distinta de todas, la verificación en dos pasos con el método más fuerte que admita y una revisión de vez en cuando de las sesiones abiertas y de las reglas de reenvío. Si solo vas a proteger bien una cuenta esta semana, que sea esta.
¿Es seguro recibir el código por SMS?+
Es mucho mejor que no tener segundo paso, y peor que las alternativas. El SMS depende de tu línea de teléfono, y hay fraudes que consisten en conseguir un duplicado de tu tarjeta SIM o en desviar tus mensajes; además, el código se puede leer en voz alta a quien te llama haciéndose pasar por el banco. La guía del NIST califica el SMS como método «restringido» y lo considera no resistente al phishing. Una aplicación de autenticación en el móvil genera el código sin depender de la línea, así que evita el duplicado de SIM, aunque sigue sin protegerte si tú mismo tecleas el código en una página falsa. Las llaves físicas y las llaves de acceso (passkeys) van un paso más allá: solo funcionan en el sitio auténtico. Usa el método más fuerte que te ofrezca cada servicio, y el SMS solo donde no haya otra opción.
¿Y si pierdo el móvil donde tengo la verificación en dos pasos?+
Por eso, al activarla, cada servicio te ofrece códigos de recuperación: una lista de códigos de un solo uso que te dejan entrar sin el móvil. Imprímelos o guárdalos fuera del teléfono, en el gestor de contraseñas o en papel en casa, y no los dejes en una captura de pantalla dentro del mismo móvil que puedes perder. Si el servicio lo permite, añade un segundo método: otro dispositivo, una llave física de repuesto o un número de teléfono de respaldo. Las aplicaciones de autenticación más comunes permiten además hacer copia de sus códigos para pasarlos a un móvil nuevo; compruébalo antes de cambiar de teléfono, no después. Perder el móvil sin nada de esto no suele ser definitivo, pero convierte la recuperación de cada cuenta en un trámite largo con el soporte de cada servicio, y alguno no lo resuelve nunca.
¿Puedo apuntar las contraseñas en una libreta?+
Una libreta en casa es más segura que la misma contraseña repetida en todos los sitios, porque para leerla hay que entrar en tu casa, y la mayoría de ataques vienen de internet, no del salón. El problema de la libreta no es tanto el robo como el resto: no se puede llevar encima con comodidad, no genera contraseñas largas, invita a escribir claves cortas para no cansarse copiando y en una oficina acaba en un pósit pegado al monitor, que es justo donde no debe estar. Para una persona mayor que usa tres servicios puede ser una solución razonable. Para cualquiera con más de diez cuentas, o para un negocio con datos de clientes, el gestor de contraseñas gana por mucho: recuerda, genera y rellena por ti. Lo que nunca conviene es un documento sin proteger en el escritorio del ordenador llamado «contraseñas».
¿Cómo sé si una contraseña mía se ha filtrado?+
Muchos gestores de contraseñas y los navegadores principales ya te avisan solos: comparan tus claves guardadas con listas de contraseñas filtradas sin enviarlas en claro y te dicen cuáles están expuestas o repetidas. Revisa ese apartado de vez en cuando, que suele llamarse algo como «revisión de seguridad» o «comprobación de contraseñas». También te pueden avisar los propios servicios por correo cuando sufren una filtración; en ese caso, entra escribiendo tú la dirección en el navegador, no pinchando el enlace del mensaje, por si el aviso es falso. Si una contraseña aparece como filtrada, cámbiala en ese servicio y en cualquier otro donde la usaras igual. Y si notas algo raro, como inicios de sesión que no reconoces, mensajes enviados que no escribiste o reglas en el correo que no creaste tú, no esperes al aviso: cambia la contraseña y cierra las sesiones abiertas.
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